
“No se han encontrado instrucciones para salir ileso. Inténtelo de nuevo haciendo ‘clic’ en herramientas, elija la opción ‘martillo’ y atícele un buen golpe al asistente de Word”.
Si usted no sale ileso, al menos llévese a alguien por delante. “Apagar el equipo”.
Ya puede salir a la noche antes de que las estrellas empiecen a destilar manías y amaneceres, entrar en un bar y rebuscar en los bolsillos algo bonito que decirle a ese bombón con corazón de fresa que está en la otra punta de la barra, acercarse, presentarse y esperar una respuesta. Si está dispuesta a seguirle el juego, quédese hasta el final, no sea cobarde. Procure tener a su alcance más de quince palabras que, bien combinadas entre sí, digan algo interesante, aunque sea una mentira. A estas alturas ella habrá pedido otra cerveza, tal vez para abrirle una ventana; darle una oportunidad a que se decida entrar de puntillas, sin hacer mucho ruido, en sus pensamientos. Usted desliza una sonrisa sobre sus pestañas y se produce un silencio lleno de puntos suspensivos, como si se hubiera colgado el programa. “Se ha encontrado un error en el transcurso de bla bla bla. Reiniciar. El reiniciado puede llevar algunos minutos. Si elige ‘finalizar ahora’ se perderán todos los datos que no hayan sido guardados”. Usted no dispone de esos minutos y se arriesga a poner fin a los puntos suspensivos y pierde los datos que se esfuman taburete abajo. Pero ella enciende un cigarro preguntándole si cambian de bar, como si preguntara: “¿desea volver a la versión recuperada de Documento 1?” Y usted deja de sudar, lo que es todo un detalle, y la invita a la siguiente ronda. En la calle sacará un tema de conversación, esta vez con cuidado de no colgarse, y ella asiente y sonríe, y entran en otro antro lleno de humo y de tipos que son como el maldito “Spam”. “Eliminar, ¿desea enviar todos los archivos seleccionados a la Papelera de Reciclaje?” “clic” todos a la mierda. Se les acerca un amigo suyo, de usted, completamente borracho. Un amigo completamente borracho en esa situación es como un archivo adjunto con un virus muy chungo; si lo abre lo tendrá dando la brasa todo lo que queda de noche, “no abrir”. Usted se gira hacia la chica después de darle puerta al archivo ebrio, hace un gesto de “qué se le va a hacer” y ella, comprensiva, continúa sonriendo y lo mira fijamente a los ojos, los labios entreabiertos en una invitación a un beso.
Salir ileso. No se han encontrado instrucciones para salir ileso. Haga “clic” en la barra con las monedas indicando al barman que desea pagar y elija la opción “vámonos antes de que las estrellas empiecen a destilar su desesperación porque amanezca”. En la calle tal vez la luna colgada en su mengua sea la más consciente de que usted está perdido, que ya no podrá salir ileso. Ya es demasiado tarde. Tiene usted una herida mortal llamada corazón, y el bombón que lleva de la mano va hacer todo lo posible para no curarle, y lo va a hacer con pasión, con entrega, sin anestesia.
“¿desea guardar los cambios efectuados en las últimas horas?”