Juan José Millás
Cuando yo era niño, lo mejor que me podía pasar era que llegara el viernes porque se acababa el colegio. Lo segundo mejor era agarrar una gripe para no ir al colegio, y lo peor era el domingo porque era el preludio de la vuelta al colegio. Ahora, por motivos bien diferentes, lo mejor sigue siendo que llegue el viernes, y uno de esos motivos se llama Juan José Millás: mi terapia en una columna que tiene cuerpo de insecto de tres estrofas, un bálsamo de palabras con olor a sandía para unas pupilas cansadas de casi todo. Juanjo Millás (disimuladme la familiaridad) es a la semana lo que un edredón al invierno: sin él la intemperie de la actualidad es jodidamente correosa. Entre otras cosas porque escribe con bisturí, diseccionando, unas veces las marcianadas de Manuel Fraga y otras, siendo la sombra por un día de un cantante, o tuteando al Papa de ateo a ateo.
A veces me siento en la columna vertebral del viernes, como un Simeón de Buñuel, después de escalarla de arriba abajo y de izquierda a derecha, y ese instante de felicidad está garantizado.

7 comentarios:
No sabe cuánto me gusta leerle decir eso.
me gusta como escribe Millás, pero oirlo hablar es peor que la gonorrea
qué clase tienes....¡ y qué afrancesado te veo mi querido amigo.
...y por fin es viernes.
Oui mais elle me manque, Mademoiselle
Perdón, quise decir "vous me manquez" Mademoiselle.
Me temo que le había entendido igualmente, Admirado Doinel.
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