
Los gatos estaban acostumbrados a que aquella mujer les echara, todos los días cuando caía la tarde, restos de pollo, carne, salchichas. Pero aquel catorce de febrero la mujer sólo llevaba en la bolsa raspas de pescado y whiskas. Primero se extrañaron, después maullaron y después se echaron a ella. Esa noche en los bares las parejas estaban celebrando, unas, que su marido nunca les había puesto la mano encima, otras que su marido era un cornudo pero no lo sabía, otras, que se amaban con locura. Así que nadie pudo socorrer a la señora de los mininos, que se desangraba sin ojos y sin cuello en el feudo de los gatos: el callejón del geriátrico y la casa de los curas.
No sé quién dijo una vez “Dios creó al gato para que pudiéramos acariciar al tigre”. Tenía razón

5 comentarios:
los gatos son bichos asquerosos, caprichosos y consentidos.
y las viejas igualito.
cuídate.
jajajaja... bandini... me parto.
Mi Doinel querido... las clases de escritura CCC sirvió para algo: hermosísimas palabras.
Nos vemos
;-)
micropildoras de la realidad que rodea a tu enfermedad....
porque esto no es una canción ¿o si?
que el desasosiego te siga guiando mascabron de proa
un saludo y una caña a tu salud
...no soportaría los gatos salvo que fuese usted uno, Monsieur Doinel.
(Por favor, Monsieur, recete cuanto quiera).
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